Enlace: Conferencia de D. Juan Antonio Callejas Cano sobre la Historia de Villamayor de Calatrava.
Los primeros asentamientos de pobladores, y muestras de vida inteligente que encontramos en la comarca del Campo de Calatrava, puede afirmarse que se realizaron durante el Pleistoceno Medio, hace unos 700.000 años, y que esta se llevó a cabo desde las zonas meridionales de la Península, en concreto desde Andalucía.
A pesar de la pobreza de datos documentales, puede decirse con certeza que la zona del Campo de Calatrava estuvo ocupada durante el Paleolítico. Lo más probable es que se tratase de grupos poco numerosos dedicados a la caza de las diferentes especies animales de la zona, con asentamientos estacionales o permanentes en las zonas con una orografía de cuevas y abrigos. Así, se encuentran restos aislados de ocupación humana en el Paleolítico Medio, las cuales se caracterizan por estar ubicadas al aire libre en las zonas interiores de las cuencas fluviales, generalmente arroyos. Pero existe un despoblamiento en el Paleolítico Superior, debido a la aridez del clima en esa época, lo que conlleva al empobrecimiento del medio y la falta de recursos naturales, aspectos que no favorecen la presencia humana en este período.
YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DEL NEOLÍTICO ENCONTRADO EN VILLAMAYOR DE CVA.
Es ya en el final del Neolítico cuando se asiste al definitivo asentamiento humano en la zona realizados tanto en llanuras como en cerros. Dentro de esta cultura destaca Oreto (al lado de Granátula de Calatrava). Estas manifestaciones serían el precedente de las desarrolladas en la Edad del Bronce, que darían lugar a las Motillas -pequeños montículos artificiales- y los poblados en altura o en cerros. Como ejemplos significativos en las inmediaciones del territorio de Bolaños destacan la Motilla de los Palacios y el Cerro de los Castillones.
En la Edad del Bronce Manchego los poblados se localizan en cerros altos y escarpados que sirven de defensa natural, pero al mismo tiempo con acceso fácil en alguna de sus laderas, rodeados de tierras fértiles y situados en lugares de amplia visibilidad para controlar las vías de comunicación y las rutas comerciales. A lo largo del Valle del Jabalón, encontramos una serie de asentamientos como son el Cerro del Castellón en Villanueva de los Infantes, el Cerro de las Cabezas en Valdepeñas, La Encantada en Granátula de Calatrava y Alarcos en Ciudad Real; de los que destaca la Encantada; ya que los asentamientos de Valdepeñas y Ciudad Real se desarrollan como oppidum ibero.
En el término municipal de Villamayor de Cva. parece evidente que los misteriosos signos que aparecen en las piedras de la sierra cercana datan de épocas prehistóricas, tal vez en el neolítico, ya que se encuentran incluidos en el perímetro de un castillejo correspondiente a esta época, cuya situación frente a una laguna permanente de agua dulce, a no larga distancia, indica su adecuación para primitivo hábitat humano, y en el se aprecian indicios de primitivas habitaciones, aljibes y atalayas. Otro castillejo existe también en la misma linde con Cabezarados (en Sierra Gorda) y posiblemente existen otros análogos.
Los castellones presentan una serie de complejos sistemas defensivos a base de murallas, torres y bastiones que completan las defensas naturales de los propios cerros. Las viviendas se adaptan a la topografía del terreno. Están construidas con zócalos de mampostería sobre los que se alzan paredes de tapial. Tienen plantas rectangulares, cuadradas y ovales; con una o más habitaciones. Junto a las viviendas hay otros recintos con otros usos, como por ejemplo almacenes de grano o lagares.
Tienen una zona de santuario y necrópolis en la que se pueden diferenciar dos tipos de enterramiento: tumbas exentas y adosadas con un rico ajuar funerario.
Las Motillas
Las motillas son el tipo de yacimiento prehistórico más característico de la Meseta meridional. Se trata de montículos artificiales, de entre 4 a 10 m. de altura, situados en la llanura manchega, a lo largo de las vegas de los ríos y en zonas deprimidas. En la actualidad se conocen más de 20 motillas que se extiende por una amplia zona que va desde Argamasilla de Alba hasta Malagón. Su especial configuración, compuesta por una fortificación de planta central, rodeada de un poblado y con su correspondiente necrópolis, responde a una adaptación a las peculiares condiciones ecológicas del paisaje manchego. Destaca la motilla del Azuer, en Daimiel.
Durante la Edad del Bronce ejercieron una importante función de gestión y control de recursos básicos con el agua y se realizaba el almacenamiento de cereales, la estabulación ocasional de ganado y la producción cerámica a gran escala.
Hacia finales del siglo VIII a. C comienza una nueva etapa en la que cada región peninsular evoluciona de forma independiente, al fusionarse el sustrato indígena con diversos pueblos del Mediterráneo (fenicios, cartagineses y griegos). Entre los siglos VI-III a.C. los iberos, llamados en esta región oretanos, alcanzan su mayor apogeo, al intensificar las extracciones de minerales y mejorar la agricultura aplicando técnicas más especializadas.
Los romanos, tras la II Guerra Púnica, se anexionan estos territorios y para romanizarlos necesitan una extensa red viaria que facilite su control y la explotación de las tierras y que, por otro lado, difunda las ideas políticas y religiosas. En nuestra provincia quedan varias calzadas romanas, algunas ciudades y abundantes villas.
La vía romana entre Toledo y Córdoba cruzaba Villamayor, en su trayectoria desde el puerto de Caracuel hacia el de la Viñuela, notándose someros restos empedrados al SO del mismo, y conservando todavía el indicativo nombre de Camino de la Plata; en parte sigue hoy día el mismo recorrido que un cordel de merinas que viene a ser uno de los ramales secundarios de la Cañada Segoviana, y el propio recorrido principal de esta cañada también cruza por el extremo occidental del término, penetrando por el Collado de Quilez por lo que convendría no desechar su también posible antecedente romano; el itinerario de la vía Toledo a Córdoba fue continuado en la Edad Moderna en el Camino Real del mismo nombre, el cual en la proximidad de Villamayor sufrió una desviación que se dirigió rectilíneamente desde Caracuel hacia Almodóvar, cruzando no obstante el término en el que se construyó una venta, y no dejándose de usar del todo la antigua trayectoria romana por el pueblo, como informan las Relaciones Topográficas de Felipe II “; … hay en el Camino Real media legua desta villa, en su término una venta que se dice la Venta de Torres, y es de un vecino de la villa de Almodóvar, debe de rentar seis mil maravedis cada un año …“; por otra parte habría que señalar otro indicio sobre la época romana que consignan las Relaciones Topográficas de Felipe II, referente a que el “_escudo de annas un chapitel con una cruz encima lo que posiblemente aluda a la existencia de restos arqueológicos de la antigüedad clásica encontrados en aquella época”.
Los visigodos también valoran la posición estratégica de esta tierra y la colonizan, pero apenas quedan restos. Es una época de escasa población y vivían en las villas. Más bien es una población rural y pobre como lo demuestran las tumbas.
Los musulmanes construyeron una red de fortalezas para controlar la población con la que habían pactado a cambio de tributos y las tierras. Destaca Calatrava la Vieja que controlaba el paso entre Montes de Toledo y Sierra Morena, Toledo-Córdoba. El nombre de Calatrava deriva del árabe Qal’at Rabah قلعة رباح (fortaleza de Rabah), en referencia al nombre de la persona a quien le sería dado el lugar en el siglo VIII, a modo de encomienda. Esta ciudad fue bastión del poder de Al-Ándalus en la provincia, y muestra inequívoca de la aportación de la cultura musulmana a la península y, por definición, a este territorio, Muchas de las formas de vida, lenguaje, arquitectura… habituales provienen de la Edad Media musulmana. Además, esta población y fortaleza dio nombre a la Orden Militar de Calatrava, primera de las órdenes militares netamente española.
De época musulmana se encontraron en las proximidades del pueblo hacia el mediodía unas sepulturas, siendo la única que conocemos de este pueblo referente a dicha cultura. Parece indudable la existencia de un pequeño castillo o atalaya en las sierra de San Benito o del Tesoro, sobre cuyos restos se instaló la ermita de este titulo, pareciendo que el relieve que se aprecia en la cumbre del cerro excede por su tamaño al de una pequeña construcción.
Hervás y Buendía, en su diccionario, alude varias veces al castillo, y concreta que al arruinarse la ermita en el siglo XV y rehacerse más cerca del pueblo no se abandonó del todo su devoción, terminándose por volverla a construir en el mismo sitio e ignorando cuanto duró esta segunda etapa, pues hoy día solo se nota el considerable montón de escombros y tierras destacándose en la cumbre.
Durante los siglos XII-XIII hay una gran ofensiva cristiana. Los reyes crean y apoyan las Órdenes Militares, dentro de un ideal de cruzada para expulsar a los musulmanes. Este período tan decisivo en la historia de Ciudad Real es el que le otorga su peculiaridad.
El Campo de Calatrava estaba históricamente integrado por los territorios que la Orden Militar del mismo nombre poseía. Formaban parte del mismo la práctica totalidad de la provincia de Ciudad Real, parte del norte de la actual provincia de Jaén y otros territorios más lejanos, como los que se hallaban en el antiguo Reino de Aragón.
Las poblaciones se desarrollan al amparo de una fortificación o se fundan nuevas villas y se crea una sociedad más libre donde colonos y vasallos podían acceder a la propiedad de la tierra. Los caballeros promovieron las principales construcciones de las poblaciones. Incluso Alfonso X necesita fundar una villa real (Ciudad Real) para dejar constancia de su autoridad en tan extenso territorio dominado por las Órdenes de Caballería.
Estas órdenes militares cumplen cinco funciones principales: militar; eclesiástica, porque controlaban algunas parroquias de sus señoríos; hospitalaria, porque asistían a los miembros de la orden, atendían a heridos en combate, redimían cautivos de guerra y ofrecían auxilio a enfermos, necesitados, peregrinos; económica, mediante la colonización; y la política, ya que contribuyeron a la estabilidad de las monarquías a través de la fijación de fronteras.
A partir del Siglo XII la caballería dejó de ser únicamente una disciplina militar asociada a la nobleza, para convertirse en un modo de vida, un código de conducta. Los caballeros se consideraban, igualmente importantes en la paz, practicando valores de justicia, equidad, lealtad, integridad, prudencia, generosidad y amabilidad. Incluso se consideraba que a fin de poder aconsejar y gobernar correctamente, estos, debían ser sabios y benévolos. Este código de caballería lo conocía Don Quijote, por ese motivo lo situó Cervantes en La Mancha (una tierra que el conocía bastante bien por sus continuos viajes entre la Corte y Andalucía) como manifestación de ese espíritu caballeresco existente en nuestras tierras colonizadas mayoritariamente por las órdenes de caballería. Don Quijote de la Mancha tiene su razón de ser en nuestra “tierra de caballeros”.
Del siglo XIV tenemos una primera mención nominal de Villamayor en el Libro de la Montería de Alfonso XI, que en su capítulo XVII y apartado que titula “En derredor de Puertollano hay estos montes“, nombra en el primer lugar “El Serrejón de sobre Villa Mayor es buen monte de oso et de puerco“; en este siglo figura ya un comendador de Argamasilla, que empezó actuando con independencia hasta que en el siglo XV fue incorporado a la Obrería de la Orden, en la que ya continuó como miembro; también del XIV se supone sea la adjudicación del impuesto del maestrazgo conocido como pedido de San Miguel, por el que correspondía a Villamayor pagar 1.260 mrs., que según varios autores resulta indicativo del numero de vecinos de cada villa en dicha época, por lo que podemos adjudicar a Villamayor una población entonces análoga a la de Aldea del Rey, Ballesteros, Mestanza o Torralba.
Las Relaciones Topográficas de Felipe II sobre Villamayor redactadas en 30 de marzo de 1576, portan datos sobre la existencia de una apreciable industria de tejidos que se dentificaban por el escudo de la villa. También ilustran que en el término ” … hay encinas cabrales … en las dehesas hoyales desta villa …”; sobre las corrientes de agua que “... en tiempo invierno—siendo lluvioso … hay otros arroyos como es el río que dicen de Tirteafuera _” ‘ y asimismo que “_ no es abundante en aguas … solamente una fuente … el Collado que está a dos leguas desta villa y corre todo l año _”; que en el concejo “... tiene dos dehesas boyales … y otra que se da por propio al carnicero algunos años …“; la ganadería estante debía ser reducida, a juzgar por el montante del diezmo, y todavía más la superficie dedicada a viñedo. Más adelante señala la existencia de minas de galena argentífera, “…se an parecido cuatro minas de plata … y las tres no andan por estar hondas …“, las cuales en época moderna llegaron a adquirir considerable importancia, tales como las de Villazayde y San Quintin; sobre el pueblo, sus habitantes y términos jurisdiccionales, informan que “... los edificios … son de tapia…, … tiene muy poco término cerrado … la mayor parte es comunidad con seis pueblos comarcanos …“, el común de pastos a que alude estaba compuesto por Almodóvar, Argamasilla, Abenójar, Cabezarados, Fuencaliente, Puertollano Villamayor, según se deduce de las Relaciones de estos mismos pueblos. Sobre la iglesia de esta villa dicen estar dedicada a Nª Sª de la Visitación.
El XV-XVI son siglos prósperos en los que se desarrolla la agricultura, la ganadería y el comercio. Comienzan las construcciones principales de los pueblos gracias al mecenazgo de los caballeros de las Órdenes.
El XVII, es un siglo de peste, sequías y malas cosechas en toda la zona. En el Capítulo General de la Orden de Calatrava de 1652 se adoptó la resolución consecuente a la aguda despoblación que experimentó la comarca, de agrupar las parroquias más pequeñas a otras situadas cerca, o que tuvieran alguna relación anterior, y así la de Villamayor -que entonces contaba con solo 70 vecinos y 1,500 Rs. de renta- se incorporó a la de Argamasilla.
Las Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada, de mediados del siglo XVIII, constituyen la más antigua y exhaustiva encuesta disponible sobre los pueblos de la Corona de Castilla. Entre 1750 y 1754 todas las poblaciones de “las Castillas” fueron sometidas a un interrogatorio constituido por 40 preguntas para elaborar un informe con fines fiscales. Se conservan las respuestas a estas preguntas de la localidad de Villamayor y pueden consultarse en el documento original.
En el XVIII, los Borbones intentan modernizar este territorio apoyando algunas creaciones como la Fábrica de Blondas en Almagro.
El final del siglo XIX está marcado principalmente por las desamortizaciones, destacándose la de Pascual Madoz por declarar en venta, entre otras, todas las propiedades de las Órdenes Militares. Entre las propiedades de la Mesa Maestral de la Órden de Calatrava en la localidad de Villamayor sale a subasta la finca “El Tesoro”.
A finales de siglo, la nueva burguesía trae el ferrocarril y algunos avances. Pero estas tierras de escasa industrialización hacen que haya en el siglo XX una fuerte emigración, concentrándose la población en localidades próximas como Ciudad Real y Puertollano.









